Nada es para siempre

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No hay nada como ser niño donde creemos que todo es para siempre, que nada se acaba. Que ese helado de limón nunca se va a derretir y que tu oso de peluche siempre va a seguir ahí. Tus padres nunca te van a abandonar, nunca se van a pelear y tú nunca te alejarás, creer que tus abuelos son inmortales y que si algo llegó fue para quedarse.

Duele, duele y bastante crecer y darnos cuenta que nada de lo anterior es cierto, que el helado se derrite más rápido en verano y si no lo comes se desperdicia, que los chocolates caducan, las personas mueren y los ciclos concluyen. Que así como algo comienza, termina, que la vida es alfa y omega y que nada es para siempre.
Que el amor es como una planta y así como en temporadas florece en otras se seca y también muere, que estar vivo no es garantía y que tenerlo cerca no significa que está presente, que la última nunca será la última y el para siempre, siempre termina.

Crecemos y así como perdemos la inocencia ganamos rencores, orgullos y prejuicios. Perdonar se vuelve más difícil y hasta llega a ser imposible, asumir se hace una rutina y el remplazo se vive día a día. Nos envenenamos tanto de la vida cotidiana que aquello que era muy importante pierde su valor o en ocasiones no nos damos cuenta y lo dejamos ir.

Duele y sigue doliendo perder oportunidades, perder amigos. Darte cuenta que los errores muchas veces son irreversibles y que a veces tu palabra es muda y no tiene ningún peso ni argumento. Duele ver a los que amas alejarse, de vez en cuando por un tiempo y otras veces para siempre, saber que lo perdiste y no entender en que momento.

Me gustaría volver a ser niño, donde sacarle la lengua a alguien era la peor ofensa y antes de pensar en perdonar a alguien ya se te había olvidado lo que te había hecho. Pero amo ser adulto porque me recuerda todos los días que nunca debes de dejar de luchar por quienes amas y que las cosas por más difíciles que parezcan nunca serán imposibles para dos personas que se aman. Y el hecho de saber que las cosas no son permanentes las vuelve más valiosas y sus momentos más hermosos, y con eso hace que todo este proceso valga la pena.

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Love, Andy