Viajar no es una vacación

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Viajar no es una vacación. Viajar no son los km, la distancia ni los aviones. Viajar no son los hoteles y ni siquiera lo es el destino. Viaje definitivamente no es descansar. Viajar es caminar diario medio maratón, dormirte tarde y despertarte temprano, tener agujetas, fatiga y ampollas y sin embargo seguir caminando. Pues viajando sabes que lo que no conozcas hoy no sabes si volverás mañana.
Viajando no hay conversaciones pequeñas ni temas superficiales, viajando la gente se abre y se vuelve vulnerable.
Viajar es ir mas allá de una foto en Instagram, es conectar y empatizar con la humanidad a travez de su historia y su realidad.
Viajar son quienes viajan contigo, tanto los que empiezan juntos como los que te cruzas en el camino. Viajando conoces, y si viajas solo, te reconoces. Si nunca haz viajado solo, hazlo pues te aseguro es el mejor regalo. 
Viajar es aprender de otros, ser flexible, ser paciente y de la otra forma es aprenderte, amarte y disfrutar de tu propio ritmo sin esperar ni rendirle cuentas a nadie.
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Viajar es conocer culturas pero sobretodo conocer personas. Viajar es enamorarte del bartender, hacer una amiga en un país, perder el contacto y encontrártela por casualidad en tu siguiente destino, filosofear de la vida con un par de extrañas hablando de eso de lo que nunca hablas, reconocer tu patria con tus paisanos, desayunar con una anciana hablando de la vida y visitar una iglesia con alguien que conociste ese día. Todo esto en diferentes idiomas, sin propósito ni motivo. Solo viviendo y conociendo.
Viajando regresas a la manera más natural de relacionarte, amando al otro por lo que es hoy sin esperar nada a cambio y mucho menos un mañana. No hay planes, vanidades ni inseguridades . Viajando eres y conoces a quienes realmente son.
Viajando por más aviones, trenes, nacionalidades, fronteras, razas o lenguas no existe diferencia pues viajando aprendes que todos somos uno. Viajar es una experiencia personal y desgraciadamente no todos viajan igual.
Viajar es desprenderte,perderte, buscarte y encontrarte.
Viajar es angustiarte, darte a entender, frustrarte, liderar con aquellos que por ser turista quieran estafarte. Es salir de tu zona de confort, vivir incomodidades, viajar no es una vacación sin embargo no hay mejor escuela que yo haya conocido hasta hoy. 

Viaja para vivir y vive para viajar, A.

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Adiós

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Adiós, la palabra a la que más le temo sin embargo a la que más me aferro y es que soy yo quien se pone en situaciones momentáneas, en proyectos con fecha de caducidad y momentos pasajeros. Por años creí que no sabia decir adiós y no se si fue la práctica o me estaba engañando pero hoy descubro que no solo se hacerlo sino que lo hago constantemente.

Despedirme se ha vuelto mi deporte favorito, decir adiós es soltar y al soltar te renuevas, rompes y de esta manera te regeneras. Decir adiós es significado de que haz conocido algo nuevo, haz ido y haz vuelto. Sin embargo, tener práctica o aceptar saber hacerlo no quiere decir que no duela al realizarlo. Duele, sigue doliendo, igual o hasta más que la primera vez. Duele decirle adiós a las personas, a un viaje, a una casa, una familia, un país y una vida. Duele soltar, duele acepar que todo eso que tienes ya no volverá o por lo menos no lo hará igual.

Hoy me despido después de 5 meses de haberlo dejado, hoy digo adiós a esa casa, esa familia, ese clima y estilo de vida. Hoy me despido de mi misma en otra época, hoy me despido de los dolores y me llevo conmigo las lecciones, hoy me despido de una ciudad, un país y un continente. Hoy te digo adiós Barcelona. Casi 2 años a tu lado, juntos hicimos 29 viajes, visitamos 73 lugares, 19 países en 3 diferentes continentes, escuchamos 16 idiomas y nos subimos a 48 aviones. Sola, solos, acompañados de amores, desamores, familia o amigos. Me regalaste infinidad de risas, millones de experiencias  y cientos de lagrimas. 2 casas, 11 roomates, sin fin de amigos, 14 pacientes, 9 amores, 5 trabajos, 7kg, 1 maestría y 1 posgrado.

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A tu lado aprendí a soltar, a dejar de planear. A disfrutar a pesar de la adversidad, a ir lento, a no quererme comer el mundo a puños y saber que lo que sobra es tiempo. Entendí que en el viaje lo más importante no es el clima sino la compañía y aprendí a apreciar el paisaje incluso si llovía.

Aprendí a escuchar, a ceder y empatizar. A ver por mi pero también a ver por alguien más. Aprendí a hacer amigos desde lo natural, a vivir el hoy y a preocuparme mañana. a decir que si, a decir que no, a ser espontánea, flexible y a cambiar de planes.

A su vez, aprendí a llorar sin culpar, a darme tiempo fuera, a saborear mi soledad y desde ahí descubrí que para hacer lo que quiera no necesito a alguien mas. Aprendí a tomarme un café conmigo, a tener una cita sola, a salir a cenar o incluso a bailar con mi compañía, a viajar junto conmigo y desde ahí fluir y hacer amigos. Aprendí a amar pero sobre todo a amarme, descubrí que para enamorarme no necesito amor a cambio y se puede tener una relación sin pareja, de esta manera aprendí a disfrutar y vivir el amor por lo que siento y no por lo que me dan pues descubrí que el amor es unilateral.

A decir que si a más planes, a hacerme amiga de desconocidos y a entablar conversaciones cortas y sin sentido. Aprendí a tener relaciones genuinas, a saludar al vecino, a los trabajadores de la obra de enfrente, a hacerme amiga del mesero del bar de al lado y a llamar por su nombre al panadero y al cajero del supermercado. A volar a otro país para conocer a alguien al que me cruce en un viaje, a tener una cita inesperada a la 1 de la mañana, a irme a cenar con alguien con quien no comparto un idioma y a ir a un asado con nuevos amigos los cuales conocí la noche anterior tras 5 minutos de conversación y es que al contrario de lo que nos dicen, cuando la gente está sola no busca cuerpo, sino compañía y conexión. Esa es mi mayor lección.

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Aprendí a reírme de mi misma, a cantar en alto y contarme chistes malos. A cocinar, a hacer ejercicio, tener disciplina y disfrutar de la rutina. A cuidarme, perdonarme y darme oportunidades. A cuidar mi cuerpo en todos los aspectos, escucharlo, atenderlo y mimarlo, a dejarme de preocupar por mi peso, a confiar en mi, en mi intuición y con mi sexto sentido potenciar la conexión. Aprendí a hacer las cosas hoy pero también saber esperar al mañana. A pedir ayuda, a rehabilitarme, ir al doctor y bajar la marcha si era necesario, aprendí a expresar lo que necesito y ya está.
A viajar sola, a organizar viajes y hacerlo con una maleta de mano, hospedarme en hostales y soltar las cosas materiales. Aprendí a ser mi propia mamá y mi propio papá, a cuidarme y ponerme en situaciones favorables, a vivir con miedo, sin miedo, con emoción y desvelos. Aprendí a saber que todo es temporal, pasará y al final todo va a estar bien. A disfrutar el camino, las cotidianidades y de la misma manera moverme de manera constante.

Aprendí a dejar de pensar en el tiempo, a darme espacios y descansos.  A dejar de planear, pues entendí que la vida da vueltas muy rápido y lo que hoy te gusta probablemente mañana pueda cambiar.

Adéu Barcelona, gracias por cada lagrima, cada logro y cada derrota. Me enseñaste cosas que jamás imaginé que podía lograr, me regalaste experiencias que puede jamás vaya a contar, me hiciste grande en todos los sentidos, me tiraste y una vez que descubrí mis bases, me levantaste. Me desconocí y me reconocí, gracias a ti descubrí como me gusta vivir. Me transformaste y  con mi soledad me reconciliaste por todo esto y mas, te llevaré conmigo toda la eternidad.

Fins a la propera, A.

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