Adiós

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Adiós, la palabra a la que más le temo sin embargo a la que más me aferro y es que soy yo quien se pone en situaciones momentáneas, en proyectos con fecha de caducidad y momentos pasajeros. Por años creí que no sabia decir adiós y no se si fue la práctica o me estaba engañando pero hoy descubro que no solo se hacerlo sino que lo hago constantemente.

Despedirme se ha vuelto mi deporte favorito, decir adiós es soltar y al soltar te renuevas, rompes y de esta manera te regeneras. Decir adiós es significado de que haz conocido algo nuevo, haz ido y haz vuelto. Sin embargo, tener práctica o aceptar saber hacerlo no quiere decir que no duela al realizarlo. Duele, sigue doliendo, igual o hasta más que la primera vez. Duele decirle adiós a las personas, a un viaje, a una casa, una familia, un país y una vida. Duele soltar, duele acepar que todo eso que tienes ya no volverá o por lo menos no lo hará igual.

Hoy me despido después de 5 meses de haberlo dejado, hoy digo adiós a esa casa, esa familia, ese clima y estilo de vida. Hoy me despido de mi misma en otra época, hoy me despido de los dolores y me llevo conmigo las lecciones, hoy me despido de una ciudad, un país y un continente. Hoy te digo adiós Barcelona. Casi 2 años a tu lado, juntos hicimos 29 viajes, visitamos 73 lugares, 19 países en 3 diferentes continentes, escuchamos 16 idiomas y nos subimos a 48 aviones. Sola, solos, acompañados de amores, desamores, familia o amigos. Me regalaste infinidad de risas, millones de experiencias  y cientos de lagrimas. 2 casas, 11 roomates, sin fin de amigos, 14 pacientes, 9 amores, 5 trabajos, 7kg, 1 maestría y 1 posgrado.

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A tu lado aprendí a soltar, a dejar de planear. A disfrutar a pesar de la adversidad, a ir lento, a no quererme comer el mundo a puños y saber que lo que sobra es tiempo. Entendí que en el viaje lo más importante no es el clima sino la compañía y aprendí a apreciar el paisaje incluso si llovía.

Aprendí a escuchar, a ceder y empatizar. A ver por mi pero también a ver por alguien más. Aprendí a hacer amigos desde lo natural, a vivir el hoy y a preocuparme mañana. a decir que si, a decir que no, a ser espontánea, flexible y a cambiar de planes.

A su vez, aprendí a llorar sin culpar, a darme tiempo fuera, a saborear mi soledad y desde ahí descubrí que para hacer lo que quiera no necesito a alguien mas. Aprendí a tomarme un café conmigo, a tener una cita sola, a salir a cenar o incluso a bailar con mi compañía, a viajar junto conmigo y desde ahí fluir y hacer amigos. Aprendí a amar pero sobre todo a amarme, descubrí que para enamorarme no necesito amor a cambio y se puede tener una relación sin pareja, de esta manera aprendí a disfrutar y vivir el amor por lo que siento y no por lo que me dan pues descubrí que el amor es unilateral.

A decir que si a más planes, a hacerme amiga de desconocidos y a entablar conversaciones cortas y sin sentido. Aprendí a tener relaciones genuinas, a saludar al vecino, a los trabajadores de la obra de enfrente, a hacerme amiga del mesero del bar de al lado y a llamar por su nombre al panadero y al cajero del supermercado. A volar a otro país para conocer a alguien al que me cruce en un viaje, a tener una cita inesperada a la 1 de la mañana, a irme a cenar con alguien con quien no comparto un idioma y a ir a un asado con nuevos amigos los cuales conocí la noche anterior tras 5 minutos de conversación y es que al contrario de lo que nos dicen, cuando la gente está sola no busca cuerpo, sino compañía y conexión. Esa es mi mayor lección.

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Aprendí a reírme de mi misma, a cantar en alto y contarme chistes malos. A cocinar, a hacer ejercicio, tener disciplina y disfrutar de la rutina. A cuidarme, perdonarme y darme oportunidades. A cuidar mi cuerpo en todos los aspectos, escucharlo, atenderlo y mimarlo, a dejarme de preocupar por mi peso, a confiar en mi, en mi intuición y con mi sexto sentido potenciar la conexión. Aprendí a hacer las cosas hoy pero también saber esperar al mañana. A pedir ayuda, a rehabilitarme, ir al doctor y bajar la marcha si era necesario, aprendí a expresar lo que necesito y ya está.
A viajar sola, a organizar viajes y hacerlo con una maleta de mano, hospedarme en hostales y soltar las cosas materiales. Aprendí a ser mi propia mamá y mi propio papá, a cuidarme y ponerme en situaciones favorables, a vivir con miedo, sin miedo, con emoción y desvelos. Aprendí a saber que todo es temporal, pasará y al final todo va a estar bien. A disfrutar el camino, las cotidianidades y de la misma manera moverme de manera constante.

Aprendí a dejar de pensar en el tiempo, a darme espacios y descansos.  A dejar de planear, pues entendí que la vida da vueltas muy rápido y lo que hoy te gusta probablemente mañana pueda cambiar.

Adéu Barcelona, gracias por cada lagrima, cada logro y cada derrota. Me enseñaste cosas que jamás imaginé que podía lograr, me regalaste experiencias que puede jamás vaya a contar, me hiciste grande en todos los sentidos, me tiraste y una vez que descubrí mis bases, me levantaste. Me desconocí y me reconocí, gracias a ti descubrí como me gusta vivir. Me transformaste y  con mi soledad me reconciliaste por todo esto y mas, te llevaré conmigo toda la eternidad.

Fins a la propera, A.

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Bitácora de un peregrina

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No me volví peregrina porque me sentía perdida sin embargo en el camino encontré respuestas que jamás pensé que existían, durante él viaje tan dentro de mi que me descubrí en aspectos que no conocía.

En el camino no hay roles, estereotipos ni ningún tipo de juicio. Ahí eres tú y amas al otro por ser Él de la misma manera. No hay límites, nacionalidades ni fronteras, las lenguas no se vuelven una barrera. Ahí conoces; conoces de verdad; te dejas conocer, expones tus heridas, tus fracasos, tristezas y alegrías. Ahí eres quien siempre haz querido ser.

No caminé sola buscando ni esperando compañía pero al final conocí personas que se volvieron familia. La meta tampoco era reconciliarme con mi soledad sin embargo el camino me enseñó que nunca estás solo, que ahí donde más solo estás es cuando más acompañado te sientes. No solo estuve conmigo sino que con el tiempo el mismo camino puso a personas que ya eran parte de mi destino.

No hice el camino esperando algo de Él, lo recorrí sin darme cuenta que era Él quién recorrió cada centímetro de mi. El camino está lleno de metáforas, lecciones y corazones, el camino es el sitio donde todo mundo saca su ser natural, amor incondicional sin esperar nada a cambio, solo vivir de verdad. El camino es tanto y a la vez es indescriptible, es mágico, atemporal, ahí no hay edades, nacionalidades ni clases sociales. No hay tiempo ni distancia, no existen los días, los plazos ni las reglas. Ahí no hay prisas, no hay planes, hay vida.

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El propósito no era dejar en él mis problemas y de hecho así fue. El camino no absorbe lo malo, el camino es tan bondadoso que te da herramientas para afrontar todo tipo de adversidades, te enseña que los obstáculos existen pero no hay colina, tormenta o distancia que con fuerza y paciencia no puedas recorrer, el camino por si solo emana valentía, te empodera y te da vida.

No recorrí 218 km huyendo de mis miedos sin embargo en el camino a pesar de las adversidades y algunos temores te das cuenta que al ser tan libre el miedo se disipa pues no hay nada que esperar, nada que demostrar y sobretodo no hay nada que perder pues tampoco esperas ganar. El camino es vida, pura y misma. El camino está trazado pero el recorrido no está escrito, se hace el camino al andar.

No hice el camino de Santiago porque tenía el corazón roto, sin embargo mi corazón sanó de mil maneras. Sin duda después de él no soy la misma, hoy me siento más humana, más plena y sobre todo más llena de energía.

El camino me enseñó que hay dos vidas, la segunda empieza cuando descubres que solo tienes una.

¡Buen Camino!, A

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*Nota del autor: Después de 23 días vuelvo a casa, regreso tras haber hecho lo que ya sabia ;sin embargo me ha sorprendido en mil aspectos; el viaje de mi vida. Comencé el camino de Santiago después de un constante dolor de rodillas sin un diagnóstico claro, un esguince de segundo grado; fractura de los ligamentos del pie izquierdo; y mi corazón parcialmente en pedazos. Compré mi vuelo antes de la fractura de ligamentos y de corazón, tener algo planeado y enfrentarme a dichos obstáculos ha sido la prueba de fortaleza, empeño y rehabilitación más grande. Tras mucha paciencia, amor, una resonancia magnética, sin fin de sesiones de fisioterapia, constancia y perdón hoy mis ligamentos están mas fuertes que nunca, mi corazón ha sanado y he vuelto a usarlo, las rodillas ya ni siquiera recuerdo dónde me dolían. Durante mi camino no tuve secuelas de ningún tipo, ahí fui a sanar, a fortalecer y a reparar.

El camino ha sido la mejor experiencia de mi vida, inspiración y metáfora para el resto de mis días.